Todo comenzó cuando Don Juan Paradas Pérez, allá en la España de la posguerra, cayó enfermo. Esta enfermedad le impedía seguir ejerciendo la profesión de agricultor, por lo que, teniendo a sus espaldas una familia que mantener, decidió empezar a fabricar unas piezas de pan de miga blanda, primeramente a base de harina de maíz debido a la escasez de trigo que había en aquellos años.
Él mismo iba al molino con el saco a la espalda a moler el maíz o el trigo según su suerte y, una vez extraída la harina, se iba a amasar a una panadería que alquilaba pagando una cantidad por pieza cocida que, según recuerda Juan, su abuelo le contaba que era de medio real por pieza. Una vez cocida las piezas, agarraba su cesta llena de molletes y tapada con una manta, y salía a vender.
Así, hasta que consiguió construir su propio horno con restos de ladrillos encontrados.